Madre describe el asesinato de sus hijos en Ecatepec y pide justicia; “me dejaron vacía”

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agosto 18, 2016

Las autoridades no tienen avance alguno por los hechos.

Las autoridades no tienen avance alguno por los hechos.

ECATEPEC, Méx.- 18 DE AGOSTO DE 2016.- “Me los mataron, me arrebataron dos vidas, dos corazones, me dejaron vacía”, fueron las palabras que con lágrimas en los ojos dijo  Sacrisanta Mosso Rendón,  madre de los dos menores de edad que fueron  asesinados dentro de su hogar ubicado en la colonia Viveros Tulpetlac.

Durante una entrevista, pensativa,  con la voz entrecortada, sentada en una banca de madera, al preguntarle cómo habían sucedido los hechos, Sacrisanta  dijo: “el viernes  5 de agosto, nunca se me va olvidar se convirtió para mí en el día en que se me acabó la alegría y mi razón de vivir, al encontrar a mis pequeños, Olga Karen y Erick, muertos”.

La mujer de tan solo 41 años de edad soltó el llanto, dirigió las manos  hacía su rostro para limpiar sus lágrimas y  siguió  narrando: “llegue de trabajar cerca de las ocho de la noche  y pensé que mis pequeños se habían ido a la feria de San Cristóbal centro, porque mi hija me había pedido permiso un día antes,  y entré por el zaguán  que solo lo amarrábamos con un alambre realizando un truco, eso nada más nosotros lo sabíamos,  como no traía llaves de la puerta  de los cuartos, los esperé en el patio, hasta que dieron las diez y media y no llegaban”.

La madre tomó aire de manera profunda  y dijo: “me desesperé porque mi hija siempre acataba mis órdenes y ella tenía que llegar a las diez, pero  su teléfono celular me mandaba a buzón y  me fui a buscarla a casa de un amigo con quien Karen me dijo que iría, pero el  muchacho me contestó que había pasado a buscarla y que nunca le abrió, por lo que pensó que no estaba y se retiró del lugar”.

Tronando los dedos de sus manos en varias ocasiones, continuó: “entonces  me dirigí a la casa de una de las  amigas, y al ver las luces apagadas, presentí que no estaba en ese lugar y regresé a mí hogar marcado con la Mz. 4 Lt. 12, en calle Eucalipto, cerca de las 11:30 de la noche.

Suspirando  con dolor en varias ocasiones,  tocándose la cabeza,  Sacrisanta, quien trabajaba en una cocina económica en la colonia Atzolco, platicó: “recordé que cuando las llaves se nos quedaban adentro podríamos entrar por una ventana que estaba  oculta por la parte de arriba, cubierta con  tela y láminas, por lo que decidí a quitar todo y meterme”.

“¿Qué pasó entonces?”,  le pregunte a  Sacrisanta, quien  guardó silencio y  esperó un momento para contestar, sus ojos se llenaron de lágrimas nuevamente y  comentó: “estaba oscuro, cuando entré, pregunté ‘¿hay alguien aquí?’, pero se me hizo raro, porque el garrafón de agua no estaba en su lugar,  al pasar por el baño vi  la puerta abierta y miré a mi hija, Olga Karen, de 17 años de edad,  tirada”.

Soltó en llanto y  continuó su plática: “mi hija estaba sobre el piso, boca abajo, traía su bata de dormir, tenía el rostro cubierto con una sudadera, tapada con una tina que teníamos ahí, grité desesperada, ‘¡Hija despierta! ¡Hija despierta! ¿Qué te hicieron?’, pero no reaccionaba; sus pantaletas, junto con un cinturón se encontraban a un costado del cuerpo,  había sido violada y asesinada, fue horrible ese momento, horrible”, repitió la madre, “y no se lo deseo a nadie”.

Comenzó  a limpiar con  una sola mano las lágrimas que brotaban por sus mejillas, le pregunté sobre lo que hizo al ver lo que pasaba y respondió: “estaba desesperada, llamé a mis primos que viven unas cuadras más adelante,  porque yo solo tengo una hermana a quien también  le hablé”.

Temblando  al volver a recordar la terrible tragedia que vivió, precisó: “fui a las recamaras, en una de ellas vi a mi pequeño cubierto con una sábana llena de sangre, quien estaba  también boca abajo,  con las manos atadas y con una almohada en la cabeza”.

Se tapó los ojos, y así la mirada triste, su rostro se tornó pálido y continuó la plática: “yo desesperada le dije ‘¡Hijo, despierta, ya estoy aquí! ¡Despierta!’,  pero mis familiares llegaron y me abrazaron, me retiraron del cuerpo  y llamamos a los servicios de emergencias, y fue cerca  de la 1:30 de la madrugada que la ambulancia de la Cruz Roja llegó, así como policías. Me los habían matado”.

Durante la entrevista llegó don Cándido Mosso, padre de Sacrisanta, quien se sentó junto a ella para darle ánimos  y escuchar la entrevista, y ella apuntó: “mis hijos nunca salieron de la casa, entraron y me los asesinaron mientras yo trabajaba, presiento que fue durante el día, pero ningún vecino se dio cuenta  de lo que había pasado”.

“No entiendo porque les hicieron esto”, recalcó con voz  molesta Sacrisanta, “se llevaron mi vida, me arrebataron a mis hijos que comenzaban a vivir, no le hacían daño a nadie, eran  mis tesoros, tenían muchos sueños por cumplir”.

Insistió  en varias ocasiones: “me arrebataron dos corazones, dos vidas, me arrebataron  y destrozaron mi vida, ahora estoy  sola y vacía”.

Cuando me miró fijamente,  le volví a preguntar  sobre lo que ahora exige a las autoridades, y dijo: “exijo justicia, quiero que las autoridades den con los responsables de los crímenes, no hay avances en la investigaciones  y no descansaré hasta que den con los asesinos”, aseveró afligida la madre.

Recalcó la señora Mosso con enojo en el rostro: “las autoridades aún no tienen ningún avance, aunque  tomaron huellas de todo dentro de mi casa y cuentan con las prendas  que traían mis pequeños,  así como varias pertenencias personales que se llevaron de ellos, y aun así  no han hecho nada, a los únicos que han interrogado son a mis familiares”.

“Yo no he entrado a mi casa, estoy viviendo con mi hermana aquí donde estamos en este momento,  porque no quiero mover nada, por si los peritos requieren  realizar más pruebas”.

Mostrándome las fotos de sus hijos, dijo: “Olga Karen Alvarado Mosso,  era una chica muy  responsable y obediente, ella estudiaba en el plantel CCH-Vallejo”, lanzando un  suspiro con alegría en su cara y continuó: “ayer en su escuela  le realizaron un homenaje,  a mi hija de 17 años, quería ser abogada, siempre me decía que para defender principalmente a las mujeres  que sufren de injusticia,  pero le robaron su sueño”, explicó  al preguntarle cuáles eran las aspiraciones de sus  retoños.

Sonrió, volteó a verme y  dijo: “Mi Erick, de 12 años de edad, era inquieto  y estaba entusiasmado porque ya entraría a la secundaria,  él me decía ‘yo voy a estudiar robótica, mamá, y cuando esté grande  compraré una camioneta para llevarte a pasear y que tú ya no trabajes”.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, la madre quería soltar en llanto pero se contuvo  y siguió con la charla: “yo, aunque ganaba muy poco, desde que me abandonó el padre de mis hijos  me desvivía por ellos, no teníamos mucho lujos pero me esmeraba para que no les faltara todo lo que necesitaban, para que estudiaran y salieran adelante, el tiempo que tenía libre siempre lo pasaba con ellos”.

Poniéndose una mano  en el pecho junto al corazón  y con la otra en el rostro, expresó: “ahora estoy sola, destrozaron mi vida, arrebataron los sueños de mis hijos y los míos, estoy quebrantada, dolida, siento impotencia  por esto que estoy viviendo, sin  que las autoridades tomen cartas en este asunto”.

“Como quisiera que esto solo fuera un sueño y no esta  pesadilla,  me quitaron el motor de mi vida, mis pequeños, pero  tengo que seguir adelante,  ellos  me dan la fuerza  y la fortaleza que necesito para  lograr que se haga justicia y encontrar a los asesinos que no se tentaron el corazón  y mataron  tan cruelmente a mis pequeños”.

Sentada cerca del altar donde se encuentran las fotografías de cuando sus hijos eran más pequeños, lleno de flores blancas, donde se observan veladoras prendidas, en el lugar donde se llevaron a cabo los rosarios, al preguntarle que si contaba con el número de carpeta de investigación que iniciaron en la Procuraduría General de Justicia del Estado de México  de San Cristóbal Centro, señaló que hasta la fecha  únicamente  tenía  el documento con el número de folio con el que realizó el trámite  para que le entregaran los cuerpos de sus hijos, quienes fueron sepultados en el panteón municipal de San Efrén.

Finalmente, Sacrisanta Mosso Rendón comentó: “no pierdo las esperanzas para que se haga justicia y se encuentren a los asesinos que le arrebataron la vida a mis hijos, aunque no descansaré hasta que los detengan y paguen por lo que hicieron”.

 

 

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