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Secuestraron a su hijo en Ecatepec, pagó rescate y no volvió a saber de él

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noviembre 7, 2016

La madre afirma que tiene fe en encontrarlo con vida.

La madre afirma que tiene fe en encontrarlo con vida.

ECATEPEC, Méx.- 7 DE NOVIEMBRE DE 2016.- “Aunque estoy pasando por momentos difíciles y siento  un sufrimiento muy fuerte,  me mantengo de pie y no descansaré hasta encontrar a mi hijo, Diego Maximiliano Rosas Valenzuela, quien  fue secuestrado  el  4 de septiembre del año 2015”, dijo Verónica  Rosas, madre del menor.

La madre soltera, de 44 años de edad,  quien por primera vez habló de la situación que está atravesando, explicó que el día cuatro de septiembre del 2015, alrededor de las 17:00 horas, su hijo  salió  de su hogar ubicado en la colonia Llano de los Báez, hacia el centro comercial Las Américas, a reunirse con unos amigos y una compañera, y desde ese día no volvió a saber de él.

Diego, hijo único, que en ese entonces tenía 16 años de edad y  al momento que se despidió de su madre vestía pantalón de mezclilla  azul claro, playera blanca, suéter tejido color chedrón color negro, le indicó que regresaría a las 20:30 horas.

“Dieron las diez de la noche y comencé a llamarle a su teléfono  celular pero  me mandaba a buzón, por lo que me preocupé y me entró una angustia, pues mi hijo era muy responsable  en su actuar”, comentó  Verónica.

Fue cerca de las 22:00 horas  de ese mismo día cuando su  celular timbró, era un número desconocido y dijo, “escuché la voz de un hombre quien me dijo ‘tenemos a su hijo, no queremos lastimarlo’, me asuste y colgué, pero nuevamente me marcaron, sentí que me desvanecía, comencé a temblar,  el secuestrador recalcó  con palabras altisonantes y amenazadoras, ¿por qué me cuelgas? te dije que tenemos a tu hijo, necesito que juntes una fuerte suma de dinero para mañana  y no lo lastimaremos”, con lágrimas en los ojos narró Rosas Valenzuela.

Indicó  que  corrió a ver a una vecina a quien le platicó lo que había pasado y llamó a sus familiares, pero que al igual que ella creían que se trataba de solo una de las tantas llamadas que realizaban  para extorsionar.

Pero al día siguiente nuevamente sonó su celular, eran ellos, dijo Vero,  “’¿ya juntaste el dinero?’”, pero yo le contesté ‘señor no tengo dinero’ y el sujeto dijo  ‘pues pídele al padre, porque no estamos jugando, a tu hijo no le pasará  nada si cumples al pie de la letra lo que te estoy diciendo´”.

Recordó que vivió horas de tormento y que cada que sonaba el teléfono,  junto con su familia  se agarraban de las manos y rezaban,  para que los que tenían a su hijo no le causaran daño, y señaló  que levantó su  denuncia ante las autoridades correspondientes.

Pero como las llamadas continuaron, el negociador fue un familiar, debido a que ella no tenía las fuerzas suficientes para hacerlo, por lo mal que se sentía al pensar de que podrían matar a su pequeño.

 

Mencionó que a los cuatro días, al ver que no juntaba el dinero que pedían por el rescate de su retoño, lastimaron físicamente  a su hijo, así se lo hicieron saber los plagiarios como prueba  y advertencia de que no estaban jugando.

Soltando el llanto al recordar,  “¿por qué, Dios? ¿Por qué estas personas inhumanas me hacen tanto mal? ¿Por qué tanta crueldad de esas personas? ¿Por qué lastimaron a mi Diego? solo por no tener dinero para pagarles”.

Al preguntarle cual  fue el daño que le habían ocasionado  a su hijo  para presionarlos a pagar el rescate, Vero decidió omitir hablar del asunto por ser delicado y  para no  perjudicar las investigaciones.

Ante esta delicada situación, se dieron a la tarea amigos, familiares y compañeros de trabajo de recabar dinero, monto que no dio a conocer pero que aseguró  era una suma  bastante alta,  cantidad que los raptores aceptaron recibir e indicaron el lugar del intercambio y advirtieron que solo una persona tenía que ir, ya que si veían a más gente matarían al menor.

“Fue  a tan solo unos días del  plagio, exactamente  el 10 de septiembre, cuando se pagó el rescate donde los malhechores nos indicaron,  y nosotros nos  trasladamos  al municipio de Chalco, lugar que nos precisaron para dejar a mi hijo, pero  nos engañaron, porque nunca apareció y sentí morirme”, secándose las lágrimas del rostro dijo la señora Vero.

Después de esa fecha, afirmó, que continuó la búsqueda, ante la desesperación que sentía por no saber el paradero de su pequeño, empezó a repartir volantes, pero tuvo que enfrentarse con la apatía de la gente que se negaba a que pegara  las hojas con la imagen de Diego en sus negocios y casas, con el argumento de que seguro andaba de fiesta con algunos amigos.

“Sentí coraje e impotencia porque yo no podía decirles que  me lo habían secuestrado y que había pagado un rescate para que me lo entregaran, además de que le habían hecho daño y no puedo decir lo que le hicieron, porque siguen las investigaciones y lo que no saben es que  he  soportado de todo,  he visitado, hospitales, conciliadoras, semefos, fiscalías de homicidios, he visto muchos cuerpos, pero aun mi hijo sigue sin aparecer”.

Sorprendida por el proselitismo político del gobernador Eruviel Ávila, quien coloca espectaculares afirmando que se ha cumplido con sus promesas instalando cámaras de video vigilancia conectadas al Centro de Mando C-4, aseveró  “sin embargo ninguna estaba funcionando en el mes de septiembre, las cuales hubiesen ayudado a saber quién se llevó a Diego, por que el trayecto donde suponemos que pasó, hay cámaras, pero ninguna sirvió en ese momento”.

“¿Cómo es posible que unos seres malvados  te causen tanto miedo tan solo  al escuchar su voz  a través del teléfono? que te insulten y te atemoricen solo porque te tienen en sus manos a un ser querido a quien amas y que harías todo lo que te indiquen para que no le hagan daño  aun sabiendo que yo no tenía dinero para pagar el rescate”,  platicó  con las voz entrecortada  la madre de Diego.

 

Reveló que el Comisionado  Nacional de Seguridad le brindó su apoyo para dar continuidad a su denuncia e iniciar la búsqueda y que fue a través también de esa dependencia que la canalizaron  a la Procuraduría del Estado de México, para que se le otorgará  el desplegado donde se ofrece una recompensa  de 300 mil pesos para quien de informes sobre el paradero de Diego, que estudiaba en la Preparatoria Anexa a la Normal, en el municipio de Coacalco, quien tenía un promedio de 8.2 de calificaciones.

Mientras las investigaciones siguen, recalcó que ha tenido que tomar terapias psicológicas con el objetivo de estar de pie, aunque a veces siente desmoronarse, solo por el hecho del amor que siente por su único hijo se mantiene, ya que el padre del Diego aseguró que hasta la fecha  no se ha preocupado por saber que fue de él, e inclusive se negó a apoyarlos cuando recababan los fondos para pagar el rescate.

Verónica, quien labora  como asesora de ventas, señaló  que  en la Central de Abastos también se instaló un espectacular, pidiendo el apoyo de la ciudadanía para encontrar a su hijo, quien  los fines de semana le ayudaba  en su trabajo.

Fue  que a través de una exhaustiva investigación en el mes de marzo del presente año,  elementos federales lograron la detención de tres sujetos implicados en el secuestro de su hijo, uno de ellos menor de edad,  que se declaró  culpable del que se desconoce el nombre y de quien se omitió en donde están recluidos, para no entorpecer el proceso, ya que ahora la Comisión de  Derechos Humanos los protege; los detenidos se han negado a decir donde se encuentra Diego.

“Ese que dice que es menor de edad que está preso,  tenía  aproximadamente cinco años de haber llegado a vivir al fraccionamiento y el sujeto intentó hablarle  a mi hijo, por lo que le prohibí a Diego  le hablara”,  apuntó Verónica.

Ahora dijo que derechos humanos los protegen y el menor fue sentenciado  por un juez  en un juicio abreviado  a tan solo  4 años y cuatro meses de cárcel, mientras los dos cómplices  de 35 y 42 años de edad, aún están en proceso para recibir sentencia.

“Aunque no entiendo  cómo el  Sistema Judicial Mexicano, tiene sentenciado a un supuesto menor de edad, del cual se desconoce su identidad, ya que no han mostrado un documento que compruebe su nombre y edad”, precisó la angustiada madre.

“Han pasado 8 meses desde que están presos y sigo con la intranquilidad, porque aún no dicen  en dónde está mi hijo y por temor no vivo en mi casa, la cual todavía estoy pagando y además temo que los dejen en libertad”, expresó.

 

“Los legisladores deberían hacer leyes más severas y quitarles todos los bienes y recursos que poseen los delincuentes, porque no es posible que tengan tantos recursos económicos para pagar buenos abogados,  mientras yo por no contar con dinero, he sido apoyada por los asesores jurídicos de la Comisión Nacional Ejecutiva de Victimas, de los cuales no me quejo, pues han realizado un excelente trabajo, pero no es justo que los secuestradores tengan más privilegios que las víctimas”.

Desde el mes de enero, explicó Verónica  con la mirada triste, ha buscado tener una audiencia con el presidente de la república Enrique Peña Nieto y con el gobernador Eruviel Ávila, pero solo  ha recibido respuestas indiferentes de ambas oficinas y  nada más  la han canalizado a las dependencias que puedan apoyarla para resolver su caso.

“Estoy segura de que si yo fuera una persona influyente o del grupo de políticos, ya hubieran tomado cartas en el asunto para encontrar a mi hijo, pero desgraciadamente no se puede porque no soy importante y el caso de mi hijo es uno más de los varios que existen en éste país”.

Mostrando la fotografía de su hijo, Diego Maximiliano, indicó que está escribiendo una carta a su retoño,  el cual ya cuenta con 17 años de edad, donde le  narra lo que ha pasado día con día desde su secuestro, pero que seguirá de frente y no descansará hasta volver a verlo, ya que aseguró que de manera continua lo sueña y que se encuentra solo, callado y muy triste, por lo que su amor de madre presiente que sigue vivo en algún lugar de donde muy pronto lo rescatará con la ayuda de Dios, a quien le pide  diariamente que lo proteja  en donde quiera que se encuentre.

Finalmente, la desesperada madre, quien  secaba sus lágrimas  que rodaban por sus mejillas, con una servilleta,  aseguró que a pesar de que sintió morirse al saber que le habían sustraído a su hijo, a pesar que ha pasado por momentos difíciles que quebrantan su salud, no pierde las esperanzas  de  encontrarlo  y diariamente le pide a Dios le dé fortaleza y  la  mantenga de pie, para seguir  su lucha y  continuar tocando puertas,  realizando volanteos para hallar al amor de su vida, que es su hijo Diego, quien soñaba con ser ingeniero.

 

 

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