El Día de la Candelaria es un día importante en los mexicanos, representa para la comunidad católica la presentación de Jesús al Templo por primera vez tras su nacimiento, y sí, aunque hay tamaliza, también quien se prepara para reparar las imágenes de los niños Dios, quienes son llevados a bendecir.
Además de su vestimenta, hay quien busca reparar las imágenes religiosas y para eso está el señor José Hernández, a quien lo avalan ya casi 60 años de experiencia.
“Tengo 28 años de que estamos aquí, aunque mi abuelita, Eva Rodríguez, fue de las primeras que empezó con lo de las reparaciones, tenía una cremería y vivía en la Guerrero, tenía su cuartito lleno de niños”, recordó el hombre mientras reparaba un niño Dios.
Fue así como inició la labor de José, en el negocio de su abuelita ubicado al interior del Mercado Martínez de la Torre, que se encuentra sobre el Eje 1 Norte, entre Zarco y Soto, en la col. Guerrero, Alcaldía Cuauhtémoc.
Son las tres últimas semanas de enero, en las que aumentan las reparaciones de los niños, pues la mayoría quiere que estén listos para el día de la Candelaria.
Cuando el señor José inició con las reparaciones era aún más complicado, ya que se trabajaba con yeso, el cual es frágil y delicado.
Ahora se trabaja con resina, la cual es más fácil de trabajar y resistente.
“Antes los traían el día primero, hay gente que me los trae el día 2 y quieren que en un ratito quede, pero yo todos mis trabajos son de dos a tres días, todo lleva un proceso y hay quien si lo haga en un ratito, pero se les vuelve a romper”, explica José.
Las reparaciones van desde una uña, un dedito, cambiar el diseño del rostro, un brazo, una pierna e incluso la reparación total de la pieza.
“Nosotros ya no manejamos el yeso porque es muy delicado, al estarlos manejando se les rompen piezas, se despostillan, ahora todo es de resina, es un poco más caro pero resiste más la pieza y la pintura; ya hasta hay niños que se les mueven los bracitos, todo va mejorando”, agregó.
Aunque pareciera algo sencillo, toda reparación lleva su proceso y su tiempo, como lo es ubicar el problema, retirar material, colocar resina y darle forma, que seque y después la pintura.
Además de toda la experiencia que le dejó Eva, el señor José ha tomado cursos de restauración, aerografía y pintura, pero cree que la fe y el amor con que hace las cosas es lo que lo distingue su trabajo del de otras personas.
Lo que más le gusta al señor José de restaurar a los niños es que es una herencia que le dejó su abuela.
“Hacer las cosas y cualquier cosa, que es la herencia de mi abuela… Yo luego les hablo con cariño: Oye mi vida te estoy arreglando es para que quedes bien”, eso es lo que más le gusta de su trabajo, ya que es lo que le enseñó su abuelita.
Aunque pareciera que nada debería complicarse, a veces suceden accidentes y el restaurador dice que lo importante es resolver.
“Hay personas que vienen y me dicen: ay cuídame mucho mi pieza, es herencia, ya tiene años conmigo. No, se me han puesto bien pesados por una pieza, has de cuenta que le estás secuestrando un chamaco”, pues son niños Dioses que tienen años en una familia y se transmiten de generación en generación.
El trabajo de José es compartido con su familia, su mami que hace la vestimenta, su esposa, con quien ya tiene 31 años, que le ayuda en la recepción y entrega de las piezas y a veces hasta sus hijos le entran a los detalles.
Hasta ahora, en un lapso de casi 30 años, el señor José no sabe cuantos son los niños que ha reparado, pero asegura que en los últimos días va a conocer las cifras ya que ahora todo se factura.
El señor José y su esposa permanecerán hasta el día 2 en su puesto, al exterior del Mercado Martínez de la Torre y continuarán recibiendo con amor a todos los pequeñines que necesiten ser reparados.
Los precios varían dependiendo la magnitud del daño de la pieza y el tamaño.
“Los que se vuelven más complicados de trabajar, son lo que están muy grandes y pesados, por qué los cargas un ratito y ya te cansas del peso que tienen”, explicó.
Además de reparar a los niñitos, también en el municipio de Nezahualcóyotl, el restaurador trabaja en otras imágenes dependiendo la temporada, además acude a iglesias o capillas particulares.
