Mi historia con los espías del gobierno y los mensajes del más allá (de la Marquesa)

| Viernes, junio 23, 2017

El delicado tema del #gobiernoespía no es nuevo, al menos no en el Edomex.

Hace cuatro años un agente de seguridad nacional que para mí era una fuente de información periodística muy valiosa, me alertó de que mis teléfonos (móvil, casa y oficina) estaban intervenidos por el gobierno. Hasta ese momento yo pensaba inocentemente que eso solo pasaba en las películas.

“Te vigilan porque eres un periodista crítico y bien informado”, me dijo y explicó el mecanismo tecnológico que, según su dicho, era operado desde el edificio de la Fiscalía Regional de Nezahualcóyotl, donde se escuchaban las comunicaciones de periodistas, funcionarios, políticos, líderes sociales y otras personas ‘estratégicas’.

En la torre. La fuente, como siempre lo hacía, me mostró evidencia de lo que decía. En ese tiempo la hacían mediante un método, también israelí como el famoso Pegassus, de intercepción de señal que esta persona conocía a la perfección.

El ‘súper agente 86’ y yo nos hicimos amigos (a lo mejor me sigue leyendo), me dio muchas recomendaciones para cuidarme, me dijo quiénes eran las personas que desde el gobierno intentaban hacerme daño y me dio mucha información que incluso llegué a compartir con otros compañeros periodistas.

En su momento quedé sorprendido por la capacidad del Estado para inmiscuirse en la vida de las personas, me pareció algo de ciencia ficción. Mi percepción fue más de asombro que de temor, dicen que el que nada debe nada teme, así que mis ‘orejas’ nada iban a encontrar en mis comunicaciones.

Pero las cosas cambiaron en estos años, precisamente durante los gobiernos de Peña Nieto en el país y de Eruviel Ávila en el Edomex, los mecanismos de acoso a los periodistas críticos se han modernizado e intensificado.

Cuando hablo con mis colegas o con mis fuentes, con frecuencia les pido que mandemos saludos a los ‘pájaros en el alambre’, trato de llevarlo con humor, pero eso no tiene nada de gracioso, más bien es esa extraña forma que tenemos los mexicanos de encontrarle el chiste a la adversidad.

El reportaje publicado por el New York Times sobre el #gobiernoespía es escalofriante. Mientras el país hierve de violencia e inseguridad, el gobierno emplea todos sus recursos para espiar a los periodistas y activistas sociales.

Ante tal escenario, cómo podemos pedirle al Estado que cumpla su responsabilidad de proteger la seguridad y el trabajo de los periodistas, si de ahí mismo proviene el acoso y el espionaje que atemoriza a los comunicadores.

Lo que es peor: si el Estado no puede o no quiere brindar seguridad a los periodistas y lejos de eso se convierte en una amenaza, ¿es posible ejercer el periodismo en este país?.

La cifra de periodistas asesinados en México podría ser la respuesta más realista a esa pregunta. Está claro que en muchos lados no es posible hacer periodismo sin pagar el costo en acoso, bloqueos, ataques, amenazas, censura y asesinatos.

Yo puedo hablar del Estado de México, aquí no se puede escribir artículos como este sin sentir miedo. En otras ocasiones ya he mencionado lo que ha costado dirigir un medio como @ Fondo Estado de México y sobre ello existe constancia en organismos internacionales como Artículo 19 y la CIDH.

Por eso me sumo desde este modesto espacio al llamado de los periodistas en general a detener el espionaje y la violencia sobre los informadores. El gobierno debe dejar de vernos como un enemigo porque no lo somos, y ojalá lo entendieran.

DE TODO UN POCO.

Al iniciar las campañas para gobernador del Estado de México, recibí a través de un amigo y colega un menaje proveniente de las oficinas donde se controla la política de medios del gobierno estatal. El mensaje fue: Nos encargamos pasando las elecciones.

Otra vez, en la torre. No niego que el mensaje intimida, pero qué voy a hacer si este es mi trabajo y lo único que me interesa es seguir informando en paz.  Ojalá lo entendieran.