La línea B del Metro de la Ciudad de México colapsó, lo que autoridades del STC anunciaron como “obras de mantenimiento” terminó por convertirse en un infierno para miles de usuarios, quienes desde la madrugada de este sábado enfrentan desorganización, retrasos interminables y abandono total por parte de las autoridades.
El cierre de estaciones del tramo elevado durante este fin de semana exhibió una planeación deficiente y una logística rebasada, filas interminables, camiones RTP insuficientes, retrasos constantes y unidades saturadas marcaron la jornada para usuarios que diariamente se trasladan del Estado de México a la capital para trabajar o estudiar.
A la crisis se sumó el caos vial provocado por transporte concesionado que aprovechó el desorden para hacer base en puntos clave, mientras la Policía de Tránsito brilló por su ausencia, sin ordenar la vialidad ni agilizar el flujo vehicular, la falta de autoridad convirtió avenidas principales en auténticos cuellos de botella.
Desde temprana hora, las quejas estallaron en redes sociales y grupos vecinales, donde usuarios denunciaron la incapacidad del gobierno capitalino para enfrentar una demanda que era completamente previsible, el operativo quedó corto desde el primer minuto.
El servicio provisional fue dividido en dos tramos, Ciudad Azteca–Villa de Aragón y Morelos–Buenavista, sin embargo, el cierre de estaciones estratégicas como San Lázaro y Oceanía, trasbordes importantes de conexión hacia el centro y la zona oriente, terminó por paralizar la movilidad.
En Villa de Aragón, sobre avenida Oceanía, el escenario fue caótico, usuarios reportan esperas de hasta 30 minutos para que llegue un camión, otros 10 minutos detenidos antes de arrancar, y decenas de personas que simplemente se quedan abajo porque las unidades salen repletas hasta el tope.
El retraso acumulado en ese solo punto supera los 50 minutos, tiempo que para muchos significó llegar tarde o perder el día laboral.
La molestia crece entre los usuarios, quienes exigen respuestas inmediatas, más unidades de apoyo, presencia real de tránsito y, sobre todo, planeación, ante un operativo que volvió a demostrar que las autoridades no están a la altura de la movilidad que demanda la ciudad.
