No hay disculpa que alcance cuando el monstruo es la impunidad
La exigencia es esa: que nos aseguren la no repetición, que se escuche a la víctima y sobre todo que se deje de negar la realidad. FG
LA COLUMNA ROTA/VERÓNICA VILLALVAZO (FRIDAGUERRERA)
El pasado lunes 26 de octubre de 2026, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) ofreció finalmente una disculpa pública a las familias de Tomás, Mónica, Adriana, Martha Patricia y Jessica, víctimas del multifeminicida de Toluca, un asesino serial que operó gracias a la ceguera de una institución cuya negligencia costó vidas.
Tuvieron que pasar entre siete y catorce años para que la fiscalía reconociera, con la cabeza baja, sus omisiones. Sin embargo, el acto dejó al descubierto la misma llaga de siempre: la disculpa fue otorgada por la maestra Dilcya Samantha García Espinoza de los Monteros, fiscal central para la Atención de Delitos Vinculados a la Violencia de Género, en representación de la FGJEM. El Fiscal General de la entidad, José Luis Cervantes Martínez, decidió no estar, mostrando una vez más su indiferencia y falta de empatía con las víctimas. La disculpa la organizaron bajo un protocolo a puerta cerrada, recordándonos que, para el poder, el dolor se atiende por trámite. Una disculpa pública que no fue pública.
Apreciamos la actitud y voluntad de la maestra Dilcya, sin embargo, las palabras vertidas en estas ceremonias oficiales huelen a cumplimiento forzado, a sacudirse una recomendación de Derechos Humanos que arrastraban desde el 2021. Esta vez ganó la realidad y la dignidad que se impusieron en la voz de las madres.
Para entender la magnitud de la descomposición institucional, hay que regresar al origen: septiembre de 2012. Las primeras víctimas de esta cadena de horror fueron Tomás Chávez Hernández y su hija Mónica Chávez Cuate. Escuchar a Martha Cuate recordar que, desde hace catorce años ella les señaló con precisión, dónde estaba el criminal y que las autoridades no hicieron nada, desgarró el alma. Si la Fiscalía hubiera actuado con la debida diligencia aquel 10 de septiembre cuando Tomás fue asesinado en su casa y desapareció a Mónica —quien estuvo viva 15 días más— otra historia sería. Martha lo señaló cuando le cuestionaron si tenía algún sospechoso, ella respondió que sí, dio el nombre del miserable, otorgó las direcciones que tenía del sujeto, y jamás hicieron nada por investigar.
La respuesta que le daban, más de una vez, era: “Acepte que a su hija la violentaba su esposo, ella pidió ayuda a su novio, y ahora andan de luna de miel”, llegaron a decirle “que no se hiciera pendeja”, que ella sabía lo que había pasado. Martha exigió órdenes de aprehensión para ambos, pero eso jamás pasó. Si lo hubieran detenido, tal vez habrían salvado la vida de Mónica.
Adriana, Martha Patricia y Jessica hoy estarían aquí. Esos siete años de impunidad del asesino fueron un regalo de la inacción de las autoridades. El cuerpo de Moni, lo localizamos en el 2019, luego de todo el infierno que vivió Martha durante casi ocho años sin saber dónde estaba su hija. El 27 de diciembre de 2019, apoyadas por la Doctora Sol Berenice Salgado Ambros, entonces Comisionada de Búsqueda del Estado de México, logramos encontrar la fecha del hallazgo de su cuerpo: el 1 de octubre de 2012. Dimos también con la fosa común donde, con todo el dolo, inhumaron a Moni en un solo ataúd con los cuerpos de dos hombres.
Adriana González Hernández desapareció en marzo de 2017. Alberto, su hermano, al acudir a la Fiscalía a poner la denuncia por desaparición, mencionó en su declaración al mismo sujeto y consiguió la misma dirección: Calle Ponciano Díaz 136, en la colonia Villa Santín, en el municipio de Toluca, Estado de México. Tampoco le hicieron caso. El cuerpo de Adriana fue descubierto aquel 1 de noviembre de 2019, debajo de la casa de uno de los perros del perverso sujeto, luego del descubrimiento del cuerpo de Jessica Guadalupe.
Martha Patricia Nava Sotelo fue reportada como desaparecida por sus hermanos el 9 de febrero de 2019. La relación era mucho más estrecha con la familia de Paty y la familia del infeliz, por ello sabían que él fue la última persona en ver con vida a la joven. Una vez más, la familia de la víctima avisó a la Fiscalía que la última localización de Paty daba en el número 136 de la calle Ponciano Díaz, en la colonia Villa Santín, en la ciudad de Toluca. Su cuerpo fue localizado en la misma diligencia del 1 de noviembre, debajo de la otra casa de los perros.
Llegó aquel 24 de octubre de 2019. Luego de que Jessy no contestara el teléfono, sus padres, Toño y Graciela, empezaron a investigar. Recordaron que Jessy les había comentado que tenía temor de ese sujeto. Ellos estudiaban en la misma escuela, fue así como luego de poner la denuncia por desaparición, se trasladaron al mismo domicilio: Ponciano Díaz 136. Se instalaron fuera del inmueble e intentaron por todos los medios que la Fiscalía entrara por ella: ¡Que estaba viva! La vieron por última vez parada en la ventana, viva, pero con la mirada perdida. Siete días hicieron de todo: pidieron apoyo a los vecinos, quienes, indiferentes, los ignoraron. Lo más grave fue la incapacidad de la Fiscalía para intervenir de inmediato, argumentaron que ella era mayor de edad, que estaba ahí por propia voluntad y que, además, no tenían la orden de cateo para entrar. Al domicilio acudieron policías de investigación y la misma ministerio público, solo para que el cínico les dijera que ella no estaba ahí, que no la conocía y que luego acudiría a declarar a la Fiscalía. Fue aquel 29 de octubre cuando los padres de Jessy lo vieron salir y, burlándose de ellos, les dijo adiós con la mano.
Graciela Orihuela relató a los medios que dieron cobertura a la disculpa “pública” —a quienes, por cierto, las autoridades no les permitieron entrar al recinto— cómo en 2019 imploró que salvaran a su hija Jessica porque sabía que estaba viva dentro de esa casa en Santín. Recibió a cambio las respuestas infames e indolentes de siempre: «Se fue con el novio» y «hay que esperar». Las familias hicieron el trabajo de la Fiscalía: ellos investigaron, ubicaron y alertaron.
Una disculpa pública no puede ser un «borrón y cuenta nueva» para que los funcionarios dejen sus expedientes en limpio. Se vuelve simulación pura cuando el titular de la dependencia ni siquiera se digna a mirar a los ojos a las familias que caminaron este calvario y cuando los ministeriales y peritos que cometieron las fallas originales siguen en la impunidad o solo fueron reubicados.
Pascual, padre de Adriana, murió esperando la disculpa pública que nos fue entregada por el Doctor Jorge Olvera, Comisionado de Derechos Humanos del Estado de México en el 2021.
Martha, Vero, Alberto, Esperanza, Yolanda, Geovani, Chela y Toño exigieron garantías reales de no repetición. El agresor ya acumula cientos de años en prisión. Sabemos que las sentencias no reviven a nadie ni devuelven los pedazos de los hogares rotos, pero es importante señalar que les da un poco de calma: lograr la justicia para sus hijas.
No podemos permitir que el Estado haga de las disculpas un catálogo burocrático para maquillar su ineficiencia. La única disculpa aceptable es la que se traduce en justicia expedita y en castigo a los servidores públicos negligentes porque mientras sean omisos, y mientras su titular se esconda detrás de su escritorio, no habrá disculpa en el mundo que alcance para llenar la ausencia que dejaron en sus familias.
En los próximos días acudiré con las familias para escribir la historia de vida de cada una de ellas, en voz de las familias, porque nosotros solos somos la extensión de las voces de la ausencia.
Mónica, Adriana, Martha Patricia y Jessica tenían proyectos, sueños, una vida. Jessy dejó en la orfandad a su pequeño bebé, que hoy crece sin su mami. Cada una debe ser dignificada. Dejen de hablar del perverso, del miserable sujeto al que solo enaltecieron con un mote que lo hizo sentir vanagloriado. El monstruo fue la impunidad, la negligencia y la falta de compromiso de quienes se alquilan para generar “justicia”.
Octubre 2026
¿Eres madre, padre, hermana, hermano, hija o hijo de una mujer víctima de feminicidio, desaparición o intento de feminicidio? Búscame, ayúdame a visualizarlas y contar su historia. Voces de la ausencia.
P.D. Cada uno de los textos expuestos en este espacio es con autorización y acompañamiento de las familias directas de las víctimas, que son las únicas autorizadas para hacerlo. Nosotros solamente somos la extensión de su grito de justicia.
@FridaGuerrera
@vocesDLAusencia
