Diez años redactando el dolor: La memoria contra el olvido oficial
Hace muchos años algo se rompió. Dejamos de ser. Nos arrancaron la empatía. Dejamos de sorprendernos y de abrazarnos. La tecnología nos convirtió en zombis y lo permitimos.
Hace muchos años algo se rompió. Dejamos de ser. Nos arrancaron la empatía. Dejamos de sorprendernos y de abrazarnos. La tecnología nos convirtió en zombis y lo permitimos.
Wuendy Saray Pavón Torres amaba los animales. Tenía dos tortugas, periquitos australianos, un perro, un gato. Los cuidó y enseñó a sus dos hijos a hacer lo mismo. Madre de dos adolescentes: Dany, de 13 años, y Cris, de 15, quienes hoy replican todo aquello que les mostró que era lo correcto: amar, cuidar y respetar siempre a todos.
“Mamita: cuando piensas en mí, imagina que estoy de viaje y que algún día estaremos todos juntos. Recuerden que estoy con Dios y desde el cielo los estoy viendo, cuida a mi papito y a mis hermanos. Ya no llores, yo estaré bien. No olvides que siempre estarás en mi corazón y yo en el tuyo. Te amo, no me olvides”
Los días de cumpleaños, las navidades, los días de las madres, son los días en que más pesa la ausencia. En una infinidad de veces les hemos expuesto en este espacio la serie de secuelas que las familias atraviesan: el dolor eterno de las madres y padres, la constante necesidad de tener cerca a mamá, y el grito de los huérfanos que pocos escuchan.
En días recientes el caso de un pequeño de año y seis meses localizado sin vida en un terreno en Ciudad Juárez, Chihuahua, cimbró un poco en la conciencia de algunas personas.
Durante todos estos años que se ha hablado del caso Jeffrey Epstein, me he mantenido observando y, conforme llega más información, más me aterra ver el nivel de insensibilidad que ya hemos demostrado como sociedades. En México, durante décadas se ha denunciado la venta de niñas, en Guerrero, Oaxaca y Chiapas, entre otras entidades. Pero no sólo es eso, el turismo sexual infantil. Según datos del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPNINA), el número de víctimas del turismo sexual en México es de más de 20 mil niñas, niños y adolescentes, y el 36 por ciento de estos casos son cometidos por ciudadanos procedentes de Estados Unidos y Canadá.
María del Carmen Gómez Urbina era una joven mujer cuyo propósito era salir adelante con sus dos pequeños hijos: una pequeñita, que es idéntica a ella, y un niño que la extraña, que intenta rehacer su vida ahora sin su mamá. Después de terminar la relación con el padre de sus hijos, trató de continuar su vida; tenía como objetivo ser policía estatal o ingresar a la Guardia Nacional, lo consiguió. Había ingresado a la Guardia Nacional el 14 de julio de 2023, inició con sus prácticas; ya estaba adscrita al Segundo Batallón de Operaciones Especiales de Tijuana, a mediados de agosto la mandarían a Baja California.
Jaquelinne García Arzate era una mujer muy estudiosa, le gustaba ir a la escuela, además de ser muy reservada. Tenía 36 años cuando el 19 de junio de 2024 por la mañana le dio un beso amoroso a su querida hija, quien ya no la vio más.
El tiempo barre con todo y las costumbres. Así, de cambio en cambio, paso a paso, van perdiendo las sociedades la cohesión, la identidad, quedan hechas unas colchas deshilachadas
Era 2011, muy temprano me encontraba realizando la síntesis informativa de las notas de aquel 17 de mayo de 2011, una llamó particularmente mi atención: el homicidio de una pequeña de 14 años. “Asesinó a su hija de 14 años”, decía la cabeza de la nota de Tomás Martínez.
Luz del Carmen Téllez Venegas era la cuarta hija de Doña Carmen y Francisco, padres de 6 hijos: tres hombres y tres mujeres. La mayoría de las familias que tenemos el dolor de conocer son personas buenas, como todos, seguro con vaivenes, con problemas, sonrisas, llanto, alegrías; familias que, como cada uno de nosotros, buscan ser felices, vivir, sobrevivir, enfrentar los retos que la vida cotidiana les pone de frente. Sin embargo, ninguno de nosotros esperamos que nos arrebaten a una de nuestras mujeres.
Los amaré por una eternidad y espero encontrarlos debajo de un gran árbol en ese plano de luz, lleno de paz y alegría; donde no existen noches ni mañaneras. Y a ti, a usted, a ustedes, ¿les importan los niños? ¿cómo les importan?